Las puntillas de mis pies hacían resistencia a un abrazo que sólo ella quería prolongar, mientras la ventisca fría de aquella noche conspiraba cruel contra mi equilibrio. La distancia entre nuestros cuerpos momentáneamente había desaparecido y los latidos de su corazón parecían querer penetrar mi pecho. El temblor que el viento fuerte intentaba imponer a mis piernas era nada comparado con su deseo de que el contacto fuera eterno y mis ojos entrecerrados bordeando el remordimiento. Pero a éste último nada debemos. Nada. Cual costumbr…
Hace un par de meses, aprovechando mi disponibilidad horaria y para solventar la incubadora de proyectos que vengo trabajando, acepté trabajar en una escuela como maestro de informática. Para qué decir lo contrario, cuando lo cierto es que el muy novel profesor no sabía en qué se estaba metiendo. → También lee: "Debí decirte adiós" Premio. Al profesor más sociable. Las primeras tres semanas de esta aventura fueron claves para cobrar el protagonismo debido, pasar de ser el profesor nuevo al profesor más sociable (con rec…
En el libro de mi existencia no parece estar escrito siquiera algún episodio feliz con mascotas. Desde que tengo memoria, los animales que alguna vez acompañaron mis vivencias, vieron interrumpidas sus aventuras junto a mí por circunstancias dignas de algún tratamiento postraumático. Intenté con aves, las cuales nunca entrené para defenderse de felinos groseros y con otras especies menos ornamentales los predadores resultaron llevar mi propio apellido. Los apetitos cárneos muchas veces pueden más. → También lee: "¿Por qué no se …
Una reacción insospechada ante algún comentario torpe puede conducir hasta la constitución de una relación en la que mucho, poco y, a veces, nada tienes que ver. Tantas veces nuestros amigos, los artífices de auténticos apretujamientos. Ellos llevan una bandera que promueve nuestro bienestar, con la que terminarán envolviéndonos, cual camisa de fuerza, para luego invitarnos a saltar por la borda hacia el vacío donde espera otro ser inocente atado con la misma especie de bandera, en medio de una infeliz coincidencia. → También lee…
Era invierno como hoy, aunque no tan frío como ahora. Volvía de correr un domingo muy temprano (porque entonces al menos se podía) y en mi iPod sonaba Don't stop me now . A pesar de la canción, me detuve a comprar esos tamalitos con olor seductor que vendían en la esquina. Después de todo, en domingo siempre se rompe la dieta. Lucy, la niña que vende los tamales, viendo mi cara entre gestos de sorpresa y desconfianza por el camión que se estacionaba frente a mi edificio, me dice: "Tendrás nuevos vecinos" . Así comenzó todo. …
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