La mañana del último domingo, en un caserío a tres horas de Lima, una punzada en el corazón despertó a Cipriano. Su instinto le hizo voltear para un lado y ver el espacio tibio que su mujer había dejado en la cama. Ese día, los pajarillos entonaban melodías melancólicas al compás de la brisa matutina y la habitación empezaba a calentarse con el fuego de la cocina.
La punzada seguía en el corazón de Cipriano mientras aseaba su rostro con el agua fría que salía de un grifo azul, que después de cerrado dejaba pasar algunas gotas en un ritmo lento. El aroma del café recién pasado que inundaba la cocina no podía disimular su preocupación. La esposa afanada en el desayuno ya lo había percibido.
- ¿Qué pasa, viejo? - preguntó.
- Tengo un mal presentimiento - confesó.
- ¿Es porque está lloviendo fuerte?
- No, no sé qué será... - respondió mirando a la ventana - ¿Ya está el café?
- Sí, ahorita te sirvo.
Enseguida, cuatro golpes temerosos y apresurados en la puerta interrumpieron la conversación. Era Walter, un vecino que venía a notificar el hallazgo del cadáver de su perro, el Negro.
- Está en tu chacra. Le han dado veneno, Shipe.
- ¡Esos desgraciados! Ladrones de mierda, se meten con el pobre animal, carajo.
Cogió su gorra y salió, dejando el café intacto.
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Su indignación no estaba en sus palabras, la traía en sus ojos. Ojos que dejaron caer unas lágrimas cuando vieron a Negro tendido con rastros de sufrimiento sobre la maleza, disimulados por la lluvia, y manchado con su propio vómito.
Dicen que el perro es el amigo más fiel que el hombre pueda tener, la demostración natural de que se puede amar sin mediar palabra alguna. Amor que muchas veces no sabemos valorar. Y Cipriano apenas lo entendía.
Y así termina la memoria de Negro, olvidada en un registro de incidencias del pequeño pueblo, sin una consecuencia ni acción posterior. Mataron a Negro por conveniencia, para entrar a robar a la chacra, como quien salta una cerca más, bajeza que es celebrada por los ladrones como una victoria temprana en su afán de delinquir y que solo duele en la familia, que no tendrá tiempo para agradecer lo que Negro hizo por ellos. Pobre Negro, le han humillado, pues, si acaso existe el honor para los perros, esta es la peor forma de arrebatárselos. Con un veneno, que ni siquiera es para perros.

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