Nos escondíamos en la mirada del otro provocando revoluciones adolescentes, con nuestras sonrisas florecientes que se acompañaban de la luna y el baile de emociones queriendo negar las ataduras de una noche anterior.
Los universos incompatibles habían convergido impuntuales jugando con nuestras ansias de felicidad y aunque nuestros pasos habían andado juntos cierto trecho, la disonante pertenencia de nuestros sueños separa nuestras manos cuando empezaban a estrecharse.
Dibujamos nuestra fantasía en la nostalgia y la declaramos entre augurios arrancados de la melancolía, y prometimos provocar más tarde un eclipse ajeno a nuestra voluntad, como si tuviésemos suficiente poder sobre esos universos nuestros.
Y me regalas tus latidos y te dedico mis sentidos, y componemos mil historias juntos queriendo resistir al abandono de ese espejismo donde vivimos. Espejismo que se recrea en la distancia que nuestras decisiones divergentes han merecido desde mucho antes de conocernos.
Pero hoy todo se contempla lo suficiente real para darnos cuenta que nuestra historia nunca comenzó, que no habrá un tú y yo, ni cantará nuestra piel con una misma voz. Tal vez en otra vida, pero en ésta no.

0 Comentarios