Algo muy pesado está sobre mis hombros,
algo tan pesado que no lo puedo ver.
Lo siento raro y nuevo.
Ahora pregunto: ¿Dónde lo encontré?
¿Por qué está sobre mi espalda?
Hay más preguntas y esto hace doler.
Con cada paso dado
aumento el peso sobre mÃ.
Me sujeto, me detengo...
Resuelto estoy: ya no quiero seguir.
***
Otoños atrás, en una noche templada,
las lágrimas impotentes surcaban mi rostro.
YacÃa herido. Era muy honda mi depresión.
Un extraño acercándose, de pronto me habló.
Me preguntó: "Hijo, ¿qué te pasa?".
Yo rebelde contesté:
"Hay nudos que ni los más diestros pueden desatar.
Como el que tengo en la garganta ahora".
Fueron pocas sus palabras y al final él sentenció:
"Veo un dolor grande, crees tú no poder escapar.
Muchos querrán venganza mas tú nunca la conocerás."
En mi cama, la sombrÃa madrugada
revelaba que ya nada podÃa hacer.
Sin hallar descanso, afligido por la carga,
seguÃa hundido entre mis sábanas.
Aprisionada mi alma, lloraba por libertad.
Sentado a la ventana espero el amanecer,
qué es lo que sigue ¡eso quiero saber!
Las palabras del extraño vuelven, mas no sé por qué.
Sentado a la ventana, solo, espero el amanecer.
Pasan horas y el sol no aparece.
Acentúa su demora, mi corazón desfallece.
Veo el escritorio, me invita a degustar.
Ya todo está dispuesto, es mi pluma y papel.
Mis palabras más agudas,
son montones por doquier.
Alguien toca a la puerta,
¡no lo quiero atender!
Me desespera ¡qué insistencia!
¡Ya está a punto de amanecer!
Oh, el alba cuánto anhelo ver,
¿quién toca? ¡qué insistente es!
largo tiempo está esperando,
más de un dÃa, eso sé.
Casi termino y contemplo
¡qué bello es!
mis manos ensangrentadas,
resultaron sin saber por qué,
más no hay esa carga,
el rostro alzo,
¡ya puedo ver!.
No hay más toques en la puerta,
yace en ella un papel.
Un mensaje: letra muerta.
Es la sombra, dice al pie.
Se ha cansado de insistir,
vuelven sus pasos tras de sÃ.
"Volveré cuando estés solo,
junto a Él no puedo vivir,
Has creÃdo ser el fuerte.
También lo creo. Es asÃ."
"No llores, estoy aquÃ."
Me doy cuenta y veo mis manos,
no son más rojas carmesÃ.
Limpias nuevamente
¡por fin vuelvo a sonreÃr!
Mis lágrimas dolientes
el sol ahuyenta ya,
la luz penetra totalmente,
finalmente irá a reinar.
Oh qué dicha es la mÃa:
¡Lo he visto todo!
Y en efecto... es Real.

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